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Vitalismo Extremo: ¿Es la Muerte Realmente ‘Incorrecta’? La Revolución de la Longevidad que Desafía lo Imposible

Publicado el 30-01-2026

Nathan Cheng, cofundador de Vitalismo, hablando en la Cumbre Vitalist Bay

En un mundo cada vez más obsesionado con la extensión de la vida, surge un movimiento audaz que no solo busca retrasar el envejecimiento, sino erradicar la muerte por completo. Bienvenidos al Vitalismo, la filosofía que está redefiniendo los límites de la ciencia, la ética y la sociedad en la búsqueda de la inmortalidad.

El Imperativo Moral de Vencer a la Muerte

La idea de que la muerte involuntaria es inherentemente «mala» puede sonar radical, pero para figuras como Nathan Cheng y Adam Gries, cofundadores del movimiento Vitalista, es una verdad fundamental. Su propuesta es sencilla pero profundamente disruptiva: si la vida es buena y posee un valor moral intrínseco, entonces prolongarla indefinidamente debería ser la prioridad número uno de la humanidad, superando cualquier otra meta social o política. Esta filosofía, que ellos denominan Vitalismo (sin relación con el concepto filosófico antiguo), busca impulsar una «revolución de la longevidad» que transformaría no solo la ciencia y la medicina, sino también las estructuras sociales, culturales y políticas de nuestro planeta.

El movimiento Vitalista emerge en un momento de creciente interés global por la longevidad y el antienvejecimiento. Sin embargo, Cheng y Gries argumentan que estos términos han perdido fuerza, diluidos por promesas vacías en el mercado de suplementos o asociados a conceptos más amplios como el transhumanismo. El Vitalismo se presenta como una pizarra limpia, un compromiso inquebrantable para derrotar a la muerte, posicionando este objetivo como la fuerza motriz principal a todos los niveles de la sociedad. Esto implica una reevaluación drástica de los presupuestos nacionales, las políticas públicas y las normas culturales. Es una misión que exige devoción total, una visión de la longevidad llevada a su máxima expresión.

Forjando la Revolución: Estrategia e Influencia

Aunque los tratamientos antienvejecimiento efectivos que los Vitalistas anhelan aún no existen, su estrategia se centra en crearlos. La hoja de ruta incluye la difusión de su ideología, la influencia en la investigación científica, la captación de seguidores y el aseguramiento de financiación, culminando en la redefinición de las prioridades y políticas gubernamentales. En los últimos años, Gries y Cheng han estado trabajando incansablemente para reclutar a lobistas, académicos de prestigio, CEOs de empresas biotecnológicas, inversores de alto patrimonio y hasta políticos, estableciendo una fundación sin fines de lucro para «acelerar el Vitalismo».

Este enfoque ya está dando frutos. La Vitalism Foundation ha comenzado a «certificar» compañías de biotecnología que se alinean con sus objetivos, marcándolas como organizaciones Vitalistas. Además, el movimiento está influyendo directamente en la legislación estatal de EE. UU., buscando flexibilizar las normas para tratamientos experimentales no probados. Un ejemplo notable es Montana, que se ha convertido en el primer centro estadounidense para tratamientos médicos experimentales, permitiendo a clínicas vender terapias innovadoras tras pruebas de seguridad preliminares. Los Vitalistas esperan replicar este éxito a nivel nacional, abriendo las puertas a una mayor accesibilidad a terapias de extensión de vida, un campo donde la inteligencia artificial y el machine learning prometen acelerar el descubrimiento de fármacos.

El Respaldo del Establecimiento: Un Cambio de Marea

Históricamente, aquellos que hablaban de «vivir para siempre» o hacer la muerte «opcional» eran a menudo descartados por la comunidad científica. Sin embargo, los Vitalistas han logrado un grado de aceptación sorprendente. Investigadores de instituciones de élite como Harvard, Stanford y la Universidad de California, Berkeley, han compartido escenario con los fundadores del movimiento. Incluso el Dr. Eric Verdin, director del prestigioso Buck Institute for Research on Aging, aunque con reservas sobre la viabilidad de algunos objetivos Vitalistas, reconoce la libertad de expresión dentro del movimiento de longevidad. Representantes de ARPA-H, la agencia federal de EE. UU. para la investigación en salud y tecnologías disruptivas, también han asistido a sus eventos, lo que subraya la creciente legitimidad e influencia del Vitalismo en los círculos de poder.

Una Declaración de Principios para la Vida Eterna

La fundación del Vitalismo se solidificó con la redacción de una declaración que establece cinco principios fundamentales para sus creyentes. Estos puntos no solo delinean la filosofía del movimiento, sino que también actúan como un llamado a la acción para aquellos que desean unirse a la causa:

  1. La vida y la salud son buenas. La muerte es el problema central de la humanidad, y el envejecimiento su agente principal.
  2. El envejecimiento causa un sufrimiento inmenso, y su erradicación es científicamente plausible.
  3. La humanidad debe aplicar los recursos necesarios para alcanzar la libertad del envejecimiento lo antes posible.
  4. Trabajaré o apoyaré a otros para trabajar en alcanzar una vida humana saludable e ilimitada.
  5. Transmitiré el mensaje contra el envejecimiento y la muerte.

Para los Vitalistas, esta declaración es más que un manifiesto; es una guía moral que impulsa la acción y el compromiso, resonando con la idea de que la moralidad es lo que empuja a las personas a emprender tareas difíciles, como una revolución.

De Ciudades Pop-Up a Estados de la Longevidad: Una Visión Audaz

La visión de los Vitalistas se extiende a la creación de «estados de la longevidad». Este concepto se inspira en la idea de los «estados en red» de Balaji Srinivasan, donde nuevas comunidades o países operan con una criptomoneda y se centran en un objetivo común, en este caso, extender la vida humana. Experimentos como Zuzalu en Montenegro y Vitalia en Próspera, Honduras (una «zona económica especial» de baja regulación), han servido como prototipos para estas comunidades. Vitalia, cofundada por el Vitalista Laurence Ion y Niklas Anzinger, buscaba ser un centro biotecnológico con regulaciones laxas para acelerar el desarrollo de medicamentos antienvejecimiento.

Aunque el enfoque de «estado en red» ha tenido sus limitaciones y desafíos, la ambición de los Vitalistas persiste. Nathan Cheng llegó a sugerir la posibilidad de que miles de Vitalistas se mudaran a Rhode Island para influir en las elecciones locales y estatales, transformando la política desde dentro. Aunque esta estrategia directa de «migración masiva» ha demostrado ser compleja, el objetivo de influir en las legislaciones sigue siendo central. La implicación de figuras como Patri Friedman, fundador del Seasteading Institute (apoyado por el multimillonario Peter Thiel), subraya el interés de la élite tecnológica y libertaria en crear jurisdicciones que faciliten la experimentación y el desarrollo de terapias de extensión de vida sin las restricciones de las regulaciones actuales.

Soldados de la Longevidad: Quiénes Son los Vitalistas

Para Gries, una revolución necesita reclutar solo entre el 3% y el 4% de la sociedad, centrándose en «individuos de alto apalancamiento»: personas ricas, académicos respetados, líderes de think tanks influyentes, políticos y formuladores de políticas. Entre los nombres destacados que han influido en muchos Vitalistas se encuentra Aubrey de Grey, un controvertido investigador conocido por sus optimistas predicciones sobre la derrota del envejecimiento.

El movimiento busca visibilidad a través de eventos como la Cumbre Vitalist Bay y fomentando la adhesión de empresas biotecnológicas. Ejemplos incluyen Shift Bioscience, que utiliza CRISPR y «relojes de envejecimiento» para identificar genes que reviertan el proceso de envejecimiento, y AgelessRx, un proveedor de telesalud que ofrece prescripciones para supuestos medicamentos de longevidad. Sus CEOs, Daniel Ives y Anar Isman respectivamente, se declaran Vitalistas y utilizan esta identidad para diferenciarse de la industria del bienestar más superficial, enfocándose en la «extensión de vida radical».

La influencia Vitalista también se extiende a los pasillos del poder. Mark Hamalainen, asesor científico y de ingeniería en ARPA-H, se identifica como Vitalista y cofundó la Longevity Biotech Fellowship junto a Cheng. El movimiento busca activamente colocar a candidatos afines en puestos gubernamentales clave con acceso a miles de millones de dólares en fondos federales. La presencia de figuras como Jim O’Neill, subsecretario de Salud y Servicios Humanos y antiguo miembro de la junta de Seasteading Institute y SENS Research Foundation (fundada por de Grey), sugiere que las ideas Vitalistas están penetrando en los niveles más altos de la administración, haciendo que una «administración pro-longevidad» sea una realidad cada vez más palpable.

Ética y Controversia: ¿Un Futuro sin Muerte es Deseable?

La expansión del Vitalismo no está exenta de controversia. La propuesta de desregulación para tratamientos experimentales plantea serias preocupaciones éticas sobre la seguridad y la eficacia. Sergio Imparato, filósofo moral de Harvard, y Alberto Giubilini, de la Universidad de Oxford, argumentan que la muerte tiene un significado moral y cultural profundo, una característica definitoria de la humanidad que da valor a nuestras vidas finitas. Cambiar esta naturaleza fundamental, dicen, debería ser una decisión colectiva y no el objetivo de un movimiento impulsado por una fracción de la sociedad. La misma idea de una «búsqueda de la inmortalidad» evoca, para algunos, imágenes de sectas o pseudociencia, un estigma que el movimiento Vitalista se esfuerza por evitar, adaptando su narrativa y evitando términos como «eterno» o «radical».

A pesar de estas objeciones, el ímpetu del Vitalismo es innegable. La presencia de científicos influyentes y formuladores de políticas en sus eventos, así como la creciente lista de organizaciones biotecnológicas certificadas, demuestra que sus ideas están ganando terreno. Daniel Ives de Shift Bioscience señala que muchos científicos «en el armario» comparten sus aspiraciones de extender la vida, pero temen el estigma de ser tildados de «lunáticos». Sin embargo, el mensaje fundamental de que «la muerte es el problema central de la humanidad, y el envejecimiento su principal agente» está resonando, incluso si el término «Vitalista» no es adoptado universalmente.

Conclusión: El Amanecer de una Nueva Era, o un Sueño Inalcanzable?

El Vitalismo representa una de las tendencias más audaces y consecuentes en el panorama actual de la innovación tecnológica y la salud digital. Al desafiar directamente la noción de la mortalidad como un hecho inmutable, Nathan Cheng, Adam Gries y sus crecientes filas están catalizando un debate que va más allá de la ciencia, adentrándose en la moral, la política y la esencia misma de lo que significa ser humano. ¿Estamos al borde de una era donde la muerte sea verdaderamente opcional, o es el Vitalismo una utopía inalcanzable con riesgos inherentes? Solo el tiempo, y la evolución de la ciencia y la sociedad, lo dirán. Lo que es innegable es que el Vitalismo ha irrumpido en la conversación global, forzándonos a todos a considerar una pregunta fundamental: ¿Qué haríamos si la muerte dejara de ser el final?

Fuente original: Meet the Vitalists: the hardcore longevity enthusiasts who believe death is “wrong”