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¿Cómo Desbloquear el Verdadero Valor de la I+D? Una Guía Definitiva para Medir su Impacto Económico y Tecnológico

Publicado el 07-06-2024

En un panorama global marcado por la incertidumbre económica y la rápida evolución tecnológica, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) se presenta como el motor insustituible del progreso. Pero, ¿cómo cuantificamos realmente su retorno? Este artículo desglosa la complejidad de medir el valor de la I+D y revela por qué es la apuesta más segura para el futuro de nuestra prosperidad.

El Dilema de la I+D: Entre la Promesa y la Incertidumbre Financiera

La ciencia y la tecnología han sido tradicionalmente la piedra angular de la evolución humana, transformando radicalmente nuestra sociedad. Desde la creación de la internet, que revolucionó la comunicación y el acceso a la información, hasta innovaciones biomédicas como CRISPR, que abre un nuevo capítulo en la edición genética, y sistemas de navegación como el GPS, indispensable para nuestra vida diaria; la lista de avances impulsados por la inversión en investigación es innegable. Sin embargo, en un contexto de constantes desafíos presupuestarios, incluyendo las drásticas propuestas de recortes a la financiación federal en EE.UU. para la ciencia, como la reducción de hasta un 40% en los presupuestos del NIH y un 57% en la NSF para 2026, surge una pregunta crítica: ¿cuánto deberíamos invertir en I+D y qué valor real obtenemos de ello?

El argumento a favor de la inversión en ciencia a menudo se basa en la retrospectiva de estos éxitos rotundos. Pero esta perspectiva, aunque inspiradora, no ofrece una guía sólida sobre cómo optimizar la inversión futura. ¿Qué pasa con los proyectos que recibieron millones en financiación y no llegaron a buen puerto, al menos no todavía? Pensemos en las computadoras de ADN o la electrónica molecular, aún en fases experimentales. O los ejemplos de investigación «extraña» que a menudo son blanco de críticas políticas, como «camarones en cintas de correr». Seleccionar solo las historias de éxito, si bien resalta la gloria de la innovación, no nos proporciona las herramientas para entender la ecuación completa del valor.

El Reto de Cuantificar el Retorno de la Inversión en I+D

Una aproximación mucho más útil para medir el valor de la I+D es a través del Retorno de la Inversión (ROI). Esta métrica, favorita en el mundo empresarial y financiero, compara los beneficios con los costos. Aplicada a la financiación de I+D a nivel nacional, esta lógica podría capturar tanto los grandes triunfos como todas las inversiones en investigación que nunca salieron del laboratorio. El problema radica en que calcular el ROI para la financiación científica es notoriamente complejo. Los beneficios pueden tardar años, incluso décadas, en materializarse y a menudo siguen rutas inesperadas. ¿Quién podría haber predicho que Uber sería un resultado indirecto del GPS, cuya existencia, a su vez, dependía de la invención de los relojes atómicos ultraprecisos en los años 40 y 50?

Además, el seguimiento de los costos de innumerables fallos o callejones sin salida aparente es una tarea desalentadora. La naturaleza intrínseca de la investigación fundamental implica un alto grado de imprevisibilidad; muchos experimentos no producirán resultados inmediatos o directamente aplicables, pero sus hallazgos pueden ser cruciales para futuros descubrimientos en campos completamente diferentes. Esta complejidad hace que la atribución directa de beneficios a una inversión inicial sea un rompecabezas económico de gran envergadura.

Nuevos Enfoques para una Vieja Pregunta: La I+D como Inversión Estratégica

A pesar de las dificultades, economistas han desarrollado ingeniosas metodologías en los últimos años para abordar este problema. Aunque sus preguntas varían, sus conclusiones convergen en un punto crucial: la I+D es, de hecho, una de las mejores inversiones a largo plazo que un gobierno puede hacer. Esto puede no parecer una gran revelación, ya que la innovación y los avances científicos siempre se han considerado fundamentales para la prosperidad. Sin embargo, estos nuevos estudios proporcionan detalles muy necesarios, ofreciendo evidencia sistemática y rigurosa del impacto que la financiación de I+D, incluida la inversión pública en ciencia básica, tiene en el crecimiento económico general y la productividad.

Retornos Sorprendentes: El Poder de Cada Dólar Invertido

En su estudio «A Calculation of the Social Returns to Innovation«, Benjamin Jones de la Universidad de Northwestern y Lawrence Summers de Harvard calcularon los efectos del gasto total en I+D de la nación en el Producto Interno Bruto (PIB) y el nivel de vida general. Sus estimaciones, a pesar de la gran cantidad de variables, son consistentemente impresionantes. Jones señala que, en el extremo más conservador, cada dólar invertido en I+D genera aproximadamente 5 dólares en retornos, definidos como PIB adicional por persona. Si se ajustan las suposiciones para incluir el valor de mejoras en medicamentos o atención médica (no completamente capturadas en el PIB), los beneficios son aún mayores.

«No hay muchas inversiones en las que se pone 1 dólar y se obtienen 5», afirma Jones, subrayando la excepcionalidad de estos retornos. Esta magnitud del beneficio subraya la I+D no solo como un gasto, sino como una inversión estratégica de alto rendimiento.

El Impacto de la Financiación Pública en la Productividad Empresarial

Pero, ¿qué sucede específicamente con la I+D financiada por el gobierno? Andrew Fieldhouse de Texas A&M y Karel Mertens de la Reserva Federal de Dallas se enfocaron en cómo los cambios en el gasto público en I+D afectan la productividad total de los factores (PTF) de las empresas. La PTF, una métrica clave para los economistas, es impulsada por nuevas tecnologías y el conocimiento innovador, no por añadir más trabajadores o máquinas, y es el principal motor de la prosperidad a largo plazo de una nación.

Tras analizar décadas de gasto en I+D de cinco agencias científicas estadounidenses, Fieldhouse y Mertens descubrieron que la inversión pública en I+D no defensiva era extraordinariamente eficiente en la generación de valor. Los beneficios comienzan a notarse entre cinco y diez años después de la inversión y tienen un impacto duradero en la economía. Sorprendentemente, la financiación pública en I+D no defensiva ha sido responsable del 20% al 25% de todo el crecimiento de la productividad del sector privado en EE. UU. desde la Segunda Guerra Mundial. Esta cifra es asombrosa, considerando que el gobierno invierte relativamente poco en I+D no defensiva en comparación con otras áreas como la infraestructura, que ha recibido una financiación mucho mayor a lo largo de los años.

Desvelando el Misterio: El Vínculo entre I+D y la Desaceleración de la Productividad

El impacto de la inversión pública en I+D también arroja luz sobre uno de los misterios económicos más preocupantes de EE. UU.: la desaceleración del crecimiento de la productividad que comenzó en los años 70. Esta tendencia ha tenido profundas implicaciones políticas, llevando a estándares de vida estancados y perspectivas financieras limitadas para muchos ciudadanos. La investigación de Fieldhouse sugiere que hasta una cuarta parte de esa desaceleración fue causada por una disminución en la financiación pública de I+D que ocurrió aproximadamente al mismo tiempo.

Después de alcanzar un máximo del 1.86% del PIB en 1964, el gasto federal en I+D comenzó a disminuir. A partir de principios de los años 70, el crecimiento de la PTF también empezó a declinar, pasando de más del 2% anual a finales de los 60 a alrededor del 1% desde los 70 (con la excepción de un repunte a finales de los 90), siguiendo de cerca los descensos del gasto con un desfase de unos pocos años. Si, de hecho, la desaceleración de la productividad fue al menos parcialmente causada por una caída en el gasto público en I+D, es una evidencia contundente de que seríamos mucho más ricos hoy si hubiéramos mantenido un nivel más alto de inversión en ciencia. Esto también advierte sobre los peligros de los recortes propuestos actualmente. Fieldhouse afirma que si los presupuestos de instituciones como el NIH y la NSF se recortan tan drásticamente, habrá una desaceleración «medible» en el crecimiento de la productividad de EE. UU. en los próximos siete a diez años.

Desequilibrio Peligroso: La Financiación Pública vs. Privada en la Era Digital

Aunque la propuesta presupuestaria de 2026 de la administración Trump planteaba recortes inusualmente severos, la financiación pública de I+D ha estado en lento declive durante décadas. La financiación federal de la ciencia se encuentra en su nivel más bajo en los últimos 70 años, representando solo alrededor del 0.6% del PIB. En contraste, las inversiones empresariales en I+D han aumentado constantemente. En 2023, las empresas invirtieron aproximadamente 700 mil millones de dólares en I+D, mientras que el gobierno de EE. UU. gastó 172 mil millones. Podría pensarse que esto es positivo, permitiendo a las empresas llevar a cabo la investigación de manera más eficiente y enfocada.

Sin embargo, esta línea de pensamiento ignora una diferencia fundamental. La investigación financiada con fondos públicos tiende a generar un crecimiento de la productividad relativamente mayor a lo largo del tiempo porque se inclina más hacia la ciencia fundamental que hacia el trabajo aplicado que suelen realizar las empresas. Arnaud Dyèvre, profesor asistente de economía en HEC París, ha documentado en su estudio «Public R&D Spillovers and Productivity Growth» los amplios impactos de los «spillovers de conocimiento», es decir, los beneficios que fluyen hacia otros a partir del trabajo realizado por el grupo de investigación original. Dyèvre descubrió que los spillovers de la I+D financiada con fondos públicos tienen tres veces más impacto en el crecimiento de la productividad en todas las empresas e industrias que los de la financiación privada de I+D. Sus hallazgos preliminares sugieren que Estados Unidos «está subinvirtiendo en I+D fundamental», que es mayormente financiada por el gobierno. Si bien se necesitan ambas formas de financiación, la evidencia empírica indica que «estamos desequilibrados».

El Gran Interrogante: ¿Por Qué no Invertir Más en el Futuro?

Equilibrar la financiación entre la ciencia fundamental y la investigación aplicada es solo una de las grandes preguntas que rodean la inversión en I+D. Organizaciones como Open Philanthropy y la Alfred P. Sloan Foundation han lanzado iniciativas para intentar definir y optimizar el ROI de la financiación de la investigación. Matt Clancy, de Open Philanthropy, señala que, si bien hay mucha evidencia de un alto retorno, la pregunta de «cuánto más» invertir y «qué tipos» de I+D necesitan más fondos sigue sin tener una respuesta clara.

Sin embargo, persiste un enigma aún mayor: si los retornos de las inversiones en I+D son tan altos, ¿por qué los gobiernos no invierten más? Jones, exasesor económico en la administración Obama, describe las discusiones sobre los presupuestos de I+D en Washington como una «guerra de anécdotas». Los defensores de la ciencia citan los grandes avances históricos, mientras que los defensores de la austeridad señalan proyectos aparentemente ridículos o fracasos espectaculares. Ambas partes tienen abundancia de munición, pero el debate rara vez conduce a una solución constructiva. Este estancamiento político tiene sus raíces en la naturaleza misma de la investigación fundamental: llevará a grandes avances y habrá innumerables fallos y dinero gastado en experimentos infructuosos. El problema es la imposibilidad de predecir el resultado al decidir financiar nuevos proyectos, haciendo que intentar adivinar qué investigación conducirá al próximo gran avance sea un esfuerzo inútil.

Un ejemplo claro de esta contradicción se ve en los recortes propuestos para el presupuesto de la NSF de 2026, un financiador líder de la ciencia básica. La administración afirmó priorizar inversiones que complementen la I+D del sector privado y ofrezcan un fuerte potencial para impulsar el crecimiento económico y fortalecer el liderazgo tecnológico de EE. UU., citando el compromiso con la Inteligencia Artificial y la ciencia de la información cuántica. Sin embargo, el presupuesto general de la NSF se recortó en un 57%, y la financiación para ciencias físicas como la química y la investigación de materiales (críticas para el avance de la IA y las computadoras cuánticas) se vio drásticamente reducida. El programa de ciencias matemáticas y físicas de la NSF sufrió un recorte del 67%, y la dirección de ciencia e ingeniería informática e informática vio su financiación para investigación reducida en un 66%. Aunque existe la esperanza de que el Congreso revierta estos recortes, la razón de atacar la financiación de I+D en primer lugar sigue siendo un misterio en la compleja dinámica política actual.

Conclusión: Los recientes hallazgos económicos ofrecen una base sólida y convincente para defender el valor de la financiación pública en ciencia. Para los más críticos con el gasto público y preocupados por los déficits presupuestarios, el mensaje es claro y simple: invertir más en la ciencia básica es una apuesta segura que nos hace más prósperos. En un mundo donde la innovación digital y la automatización redefinen el futuro, comprender y maximizar el ROI de la I+D no es solo una cuestión académica, sino una necesidad estratégica para cualquier nación que aspire al liderazgo tecnológico y al bienestar de sus ciudadanos. Es hora de superar las anécdotas y basar las decisiones políticas en la evidencia contundente que demuestra el retorno exponencial de cada euro o dólar invertido en el conocimiento.

Fuente original: How to measure the returns on R&D spending